octubre 24, 2025

Hasta luego compañeros

 


Para muchos la mejor época del año es la navideña, para otros es la peor, sin embargo para mí simplemente es la más triste, porque es cuando uno está propenso a recordar tiempos pasados, añorarlos, después de reflexionar y preguntarse qué deparará el futuro, desear que aquel ser querido ausente esté ahí con nosotros, querer volver a ser niño teniendo la ilusión de que en esta época (aparte de recibir juguetes) habrá más amor y paz, y el mundo será mejor sólo porque Santa Claus y sus renos esparcirán la alegría y la esperanza a todos. Por eso es que me pongo muy melancólica, por la realidad, por los cambios que se dan contándolos a partir de cada fin e inicio de año.

 

Me pone sentimental el hecho de que nuestros compañeros de sexto semestre se vayan, en especial Carlos y Javo, a los cuales les tengo mucho cariño y les dedico estas líneas, porque les agradezco mucho el haberme invitado a formar parte de esta gaceta en la cual se va a extrañar su participación. Para mí ha sido un desahogo el plasmar por escrito mis sentimientos y mis puntos de vista, y poderlos compartir con quienes los leen. Les pido disculpas por todas las veces que me han tenido que apurar para escribir, como en esta ocasión (no es a propósito), eso me ha hecho sentir importante y que mis artículos valen la pena, me han ayudado a ubicarme más en cuanto a lo que quiero para mi futuro. Si antes estaba perdida, ahora encontré un camino.

 

Y con todo este sentimentalismo mío, quiero que sepan que me da mucho gusto que vayan a comenzar una etapa nueva, en donde tendrán mucho éxito porque son personas con mucho que dar. Por eso trataré de no ponerme triste, al contrario, me alegraré por ustedes, al fin estoy segura de que nos seguiremos viendo. Realmente espero que les vaya bien, porque a pesar de que no convivimos mucho los estimo de verdad. Presiento que esta Navidad y Año Nuevo no serán tan malos, ya que también pasaré a cuarto semestre y eso para mí es un gran logro, por lo tanto ya tengo motivos para estar feliz.

 

A todos les deseo que tengan unas felices fiestas, que descansen de todo el estrés de la escuela y ya nos veremos el próximo año.


Publicado en el año 2007

octubre 17, 2025

Día de difuntos, siglos de muertos




El 2 de noviembre es el día en que rendimos homenaje a nuestros muertos, dedicándoles un altar lleno de flores de Tzempaxuchitl, fruta como caña de azúcar, tejocotes y cacahuates, papel picado de diferentes colores y cosas que disfrutaban en vida como sus platillos favoritos, o talvez algún vicio que tenían como una cajetilla de cigarros o una botella de tequila y lo que no puede faltar, el delicioso pan de muerto.

 

Sin embargo, me gustaría hacer una invitación a hacer consciencia e incluir en nuestro tributo, aunque sea en pensamiento, a todos aquellos muertos que ni siquiera conocimos, pero que de la mayoría sabemos cuáles fueron sus causas de muerte. Hablo de la gente que ha tenido que interrumpir su camino por caprichos y necedades de los que creen que tienen derecho a quitar la vida.

 

A través de la historia se han registrado gran cantidad de genocidios y masacres que han dejado huellas imborrables en los sobrevivientes, muchos de estos sucesos son las razones por las cuales en la actualidad seguimos viendo cómo asesinan brutalmente a la gente, y ¿por qué?, por poder, palabra de sólo cinco letras que encierra una inmensa e increíble bomba de odio.

 

Me viene a la mente la Roma del siglo III a.C., donde ya se acondicionaba al pueblo a disfrutar del sufrimiento y muerte de los esclavos que eran obligados a combatir como gladiadores. En la edad media, el castigo a los que delinquían gravemente era la muerte y esto en presencia de todo el pueblo como muestra de que la ley se hacía valer, para la gente era un gran espectáculo y querían ver sangre hasta el final. De esto y más se dio en todo el mundo, con invasiones a los territorios de América Latina, Asia, Australia, etc. Pero tal parece que hoy, en pleno siglo XXI, cuando se supone estudiamos la historia para no cometer los mismos errores que en el pasado, el ser humano no entiende, no ha entendido, la sociedad sigue ávida de sangre, venganza o puro placer.

 

A diario escucho y veo en el periódico o en la televisión noticias sobre “tantos muertos por bomba…, tantos muertos por invasión… tantos por arreglo de cuentas…” y más, y más. ¿Por qué tanta gente tiene que morir de ese modo?, ¿por qué niños, mujeres, hombres, en general civiles, que lo único que hacen es tratar de sobrevivir lo mejor que pueden? Tal parece que el gran pecado que han cometido es existir. Realmente esto me horroriza, me entristece mucho pensar que podría ser yo o la gente que conozco, que quiero, que respeto, o la que pasa a mi lado a diario en la calle, los que podríamos estar a punto de morir de esta manera. Ver a un ser humano denigrar a otro sólo por un puñado de poder es asqueroso. ¿Hasta cuándo terminará la pesadilla? ¿Terminará? Seguramente pasarán muchas generaciones antes de que eso ocurra.

 

Así pido entonces dediquemos un pensamiento sincero a la memoria de todos aquellos difuntos, no un día, sino siempre.


Publicado en el año 2007

octubre 10, 2025

Un brindis por...


     

¡Salud! ¡Salucita! ¿No es irónico utilizar estas expresiones después de tres horas con quién sabe cuántos tragos de más y a punto de estrellarse en la avenida, o a un paso de ser miembro de la Asociación de Alcohólicos Anónimos?

 

En la pubertad tuve bastante interés por probar la cerveza, todos en las fiestas bebían, y quien no bebía era un teto. Comenzaban las risas, pláticas incoherentes, algunos fajes entre los que se acababan de conocer y los viejos conocidos, pleitos, en fin, de todo había. Y era divertido.

 

Pero aquello fue en una época de confusión, de depresión, de vale queso la escuela al fin que mis papás me mantienen, el futuro está muy lejos y tengo derecho a divertirme, cuando cumpla los 18 me voy a independizar, etc. Qué fácil es hablar. Sin embargo, el tiempo vuela y yo sigo en casa con mis padres, alcanzada por aquel futuro que creía lejano en el cual ya tengo más responsabilidades, más consciencia de que la vida no es fácil y que nadie me va a resolver mis problemas, pero aún así, sigo teniendo derecho a divertirme. Sí, a divertirme, no a embrutecerme.

 

Hubo dos o tres ocasiones en que me pasé de “chelas”, creo que con una más y ya no hubiera sabido nada. Pero tuve suerte de que no me pasara nada malo porque en algunos lugares no conocía a nadie, sólo a la amiga que me había invitado y mis padres creyendo que estaba en el parque. La última cruda que tuve fue la peor, tres caguamas y media yo solita y haciendo desfiguros en la calle. Dos días con un insoportable dolor de cabeza, náuseas y un sentimiento de culpa terrible y la frase obligada: “No lo vuelvo a hacer”. Afortunadamente yo no he tenido que tocar fondo para reaccionar.

 

Hace poco saliendo a la tienda vi a una chava orinando en plena entrada a mi edificio, le vi todo, ¡ah!, fue asqueroso. Ella y sus amigas al escuchar mis pasos salieron corriendo. Cuando llegué a la tienda había un montón de chavas cayéndose de borrachas esperando a que los dos tipos con los que iban les dieran más alcohol. Me dio mucho asco tan sólo de respirar el aliento que llegaba a tres metros. En otra ocasión también en una tienda, era medio día y un tipo se cayó de borracho y me llegó a empujar. Verlo tirado ahí apestando me dio repulsión pero más que eso, me dio lástima.

 

Beber es rico, claro, para quien le gusta, además relaja y en cierta medida es saludable para el organismo, pero hasta ahí. No es divertido, es patético ver a alguien tirado de ebrio o ebria, sin poder hablar bien, haciendo el ridículo y dando pena. Pienso que a nadie le gustaría que sus familiares o amigos se avergonzaran de uno por el “pequeñísimo” detalle de pasarse de tragos.


Publicado en el año 2007

octubre 03, 2025

Miedo-prejuicio

 

  


Un día una amiga me invitó a salir, no me dijo a dónde, simplemente nos quedamos de ver en la tarde. Así que como creí que íbamos a ir a alguna plaza comercial, como veces anteriores, me arreglé para no ir fachosa. Pero apenas llegué al punto de encuentro y mi amiga sale con una jalada: “Vamos al Chopo”. Yo nunca había ido así que le contesté que cómo creía, que mi ropa, que la hora, etc. Pero me dijo que no me preocupara al fin que para ella es muy común ir, así que nos fuimos a ese “desconocido” lugar.

 

He de confesar que tenía una imagen de que al Chopo sólo van los pandrosos o freaks, darks, punks y ondas raras. Muchos de ellos sí van y sí hay ondas raras, incluso los medio hippies. Más bien yo iba con el miedo, que en realidad era prejuicio, de que por su apariencia de ser “malos” me iba a molestar burlándose de mí o robándome algo por ir vestida como iba y no ser de su onda.

 

Gran sorpresa fue que nadie me volteó a ver, nadie me dijo nada, nadie me molestó. Y cuando mi amiga y yo nos acercábamos a un puesto para preguntar el precio de algo me contestaban como a cualquier otro. La imagen que tenía de este lugar cambió totalmente.

 

Pienso que todos tenemos prejuicios ya sea por diferencia de clases, de raza, de religión o ideología. No sé si será normal o inevitable, pero sea o no creo que aunque muchas cosas no nos parezcan debemos respetarlas, al menos hacer un intento.

 

Un ejemplo es que a mí no me parece que existan los gays. Simplemente no me hago a la idea de sus preferencias sexuales, pero ¿saben algo?, los respeto, porque antes que nada son pe4rsonas como yo, con sentimientos, con brazos, piernas, etc. De hecho los chavos gays que he conocido me caen muy bien, no hay nada diferente al platicar y divertirse con ellos. No estoy de acuerdo en que se les trate de ignorar o hasta humillar, como si con eso fueran a desaparecer. No está en manos de nadie cambiarlo, así que para qué se pone uno en ese plan de desprecio. Yo al contrario, hablo con las personas sin ponerme a pensar de que “si me entero que es gay le dejo de hablar”. Igual con los católicos , con los judíos, con los darks, con los gorditos, con pobres, con ricos…

 

En estos tiempos hace falta la unión, los grupos podrán ser diferentes, pero todos formamos parte de una sociedad y mientras haya respeto creo que toda convivencia es posible, tomando en cuenta que no hay que irse a los extremos, es decir, que no por el hecho de no odiar, vas a amar, no, simplemente es respetar. Así que habrá muchas cosas que no nos parezcan, más no por eso se va a llegar al grado de asesinar como el Ku Klux Klan, o los nazis.

 

Apliquemos la frase “Vive y deja vivir”, primero uno tendría que ver sus defectos para poder criticar los de otros. Quien se siente a gusto consigo mismo sin importarle lo que otros piensen es de mi más grande admiración.


Publicado en el año 2007