Sin embargo, me gustaría hacer
una invitación a hacer consciencia e incluir en nuestro tributo, aunque sea en
pensamiento, a todos aquellos muertos que ni siquiera conocimos, pero que de la
mayoría sabemos cuáles fueron sus causas de muerte. Hablo de la gente que ha
tenido que interrumpir su camino por caprichos y necedades de los que creen que
tienen derecho a quitar la vida.
A través de la historia se han
registrado gran cantidad de genocidios y masacres que han dejado huellas
imborrables en los sobrevivientes, muchos de estos sucesos son las razones por
las cuales en la actualidad seguimos viendo cómo asesinan brutalmente a la
gente, y ¿por qué?, por poder, palabra de sólo cinco letras que encierra una
inmensa e increíble bomba de odio.
Me viene a la mente la Roma del
siglo III a.C., donde ya se acondicionaba al pueblo a disfrutar del sufrimiento
y muerte de los esclavos que eran obligados a combatir como gladiadores. En la
edad media, el castigo a los que delinquían gravemente era la muerte y esto en
presencia de todo el pueblo como muestra de que la ley se hacía valer, para la
gente era un gran espectáculo y querían ver sangre hasta el final. De esto y
más se dio en todo el mundo, con invasiones a los territorios de América Latina,
Asia, Australia, etc. Pero tal parece que hoy, en pleno siglo XXI, cuando se
supone estudiamos la historia para no cometer los mismos errores que en el
pasado, el ser humano no entiende, no ha entendido, la sociedad sigue ávida de
sangre, venganza o puro placer.
A diario escucho y veo en el
periódico o en la televisión noticias sobre “tantos muertos por bomba…, tantos
muertos por invasión… tantos por arreglo de cuentas…” y más, y más. ¿Por qué
tanta gente tiene que morir de ese modo?, ¿por qué niños, mujeres, hombres, en
general civiles, que lo único que hacen es tratar de sobrevivir lo mejor que
pueden? Tal parece que el gran pecado que han cometido es existir. Realmente esto
me horroriza, me entristece mucho pensar que podría ser yo o la gente que
conozco, que quiero, que respeto, o la que pasa a mi lado a diario en la calle,
los que podríamos estar a punto de morir de esta manera. Ver a un ser humano
denigrar a otro sólo por un puñado de poder es asqueroso. ¿Hasta cuándo
terminará la pesadilla? ¿Terminará? Seguramente pasarán muchas generaciones
antes de que eso ocurra.
Así pido entonces dediquemos un pensamiento sincero a la memoria de todos aquellos difuntos, no un día, sino siempre.
Publicado en el año 2007


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