Mientras la colonia de ajolotes
se disponía a comer todos los gusanos a su alcance, Amby vislumbró una hilera
de pequeños peces que nadaban despreocupadamente cerca. Ese manjar sería sólo
para él. Se aseguró de que nadie lo viera alejarse del grupo y siguió a los
peces que ya comenzaban a perderse de vista. Trató de mantener cierta distancia
para no asustarlos, pero ya no aguantaba el antojo así que se avalanzó sobre el
último de la fila y de repente vio una sombra, algo de arriba se dirigía a él a
la vez que objetos extraños penetraban en el agua, pensó que debían ser esos
monstruos de los que había oído hablar y los llamaban “humanos”.
Presa del pánico nadó lo más rápido que pudo sin importar hacia dónde. Logró escapar. Una vez a salvo y aliviado se dio cuenta de que no sabía hacia dónde ir. Afortunadamente, no había sido el único en ver a los pequeños peces, varios de sus hermanos andaban cerca y también libraron a los monstruos.
Entre todos lograron ir reconociendo el camino de regreso a casa y cuando al fin llegaron se encontraron más peces pequeños, así que al fin y al cabo pudieron calmar su terrible antojo.





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