Habiendo tantos temas sociales y
políticos para reflexionar, analizar y opinar, fue en éste en el que la inspiración
se apiadó de mí, y antes de que comenzara a arrancarme los cabellos, decidí
escribir sobre la devaluación, pero no la devaluación del peso ni nada por el
estilo, sino la devaluación personal, específicamente la autodevaluación
femenina, y para esto les narraré brevemente lo siguiente:
Lorena es una joven de entre diecisiete
y veintiún años, es difícil saber con exactitud debido a que cuando se maquilla
mucho parece una mujer de más de treinta, pero al escucharla hablar se nota la
inmadurez de una niña de quince. Desde pequeña ha mostrado una actitud rebelde
y precoz, además de un desarrollo físico un poco adelantado para su edad, lo
que ha provocado llamar la atención, sobretodo, la del género masculino. Al principio
esto talvez la inhibió, pero poco a poco se fue acostumbrando, se hizo a la
idea, ¿y cómo no?, si sólo así ha conseguido hacerse notar, no recibe ningún
elogio o reconocimiento de otro tipo que no sea con respecto a sus
protuberantes pechos o anchas caderas, por ello usa ropa ajustada que le ayude
a resaltar esos atributos. Entonces inicia una particular forma de vivir. Como diría
mi madre: “Fue a Dallas”, fue a darlas todas. Cree que es por lo único que
vale, que sólo para eso sirve, para dar placer. En la escuela, sus compañeros quieren
ser sus novios, afuera, muchos la… “quieren”.
En el trabajo, el jefe no le
quita los ojos de encima y busca siempre la oportunidad de quedar a solas con
ella. Así como él, muchos otros, y las esposas de éstos los obligan a correrla,
por lo tanto Lorena tiene que ir de aquí a allá. En el camino va encontrando “amigos”
que le ofrecen su ayuda, claro, ella tiene que demostrar su gratitud dando lo
que siempre, en su corta vida, le han pedido. Por supuesto que besos y abrazos
no son suficientes, Lorena busca algo más y no es precisamente amor.
Francamente, yo no sé qué será, ¿seguridad, dinero? Tampoco sé hasta dónde es
capaz de llegar, lo que sí sé es que Lorena puede cambiar su forma de vida,
todo depende del valor que así misma se de, por lo tanto no diré el final de
esta pequeña historia ya que no hay tal.
Y como la inspiración momentánea
ya me dijo adiós, me queda por decir que ojalá Lorena fuera una invención mía,
pero desafortunadamente existen muchas Lorenas en la vida real, además de
muchos hombres que no las valoran; espero que por lo menos en esta comunidad
escolar no haya casos así, ni ahora, ni en el futuro, que tanto mujeres y
hombres, en general seres humanos de cualquier edad, tengamos dignidad, respeto
y amor propio.

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