Es en esta época del año en la
que nos invaden mensajes como “Al dar no esperes recibir”, “Es más importante
dar que recibir” y otras por el estilo. No es que esté en contra de estas
frases, simplemente que no me parece el modo en que, sobre todo la
mercadotecnia, las utilizan. Pero hay una frase en particular que me ha hecho
reflexionar mucho sobre su significado, “En el pedir está el dar”.
Un día vi que un señor de aspecto
humilde se le acercó a otro pidiéndole dinero, alegando que lo necesitaba con desesperación,
en eso un muchacho sacó su cartera y le dio unas monedas, no sé cuánto le dio
pero se disculpó por no tener más cambio, el señor le dio las gracias pero no
se conformó y siguió insistiendo al otro bastante tiempo hasta que comenzó a “llorar”,
y ni así el otro señor se decidió a darle algo más que un rotundo “no”. Inmediatamente
como en cámara lenta percibí la transformación del rostro del señor que pedía
dinero, de un momento en el que su rostro era de una persona sumisa, pidiendo
clemencia, compasión, etc., cambió al de una persona agresiva, con ojos de odio
directamente a aquel señor que no se conmovió ante sus súplicas, y cuando parecía
que se le iba a echar encima sólo dijo juntando los dientes “Ojalá que nunca
tengas nada” y se fue. Este tipo de gente realmente me molesta, no los que no dan,
sino los que piden. No es porque yo sea egoísta, tacaña, avara o como algunos
pudieran llamarme, pero es que no es obligación de nadie dar dinero a quien lo
pida nada más por poner cara suplicante. Talvez el señor sí necesitaba
desesperadamente el dinero, pero digo ¿quién no?, no es el único que se las
está viendo duras y no por eso todos salimos a limosnear, porque no es otra
cosa, y todavía se hace el ofendido.
Otro caso fue que en el metro, una
señora como de cincuenta o sesenta años, se me acercó humildemente diciéndome
que si no tenía alguna moneda que le pudiera dar porque se le había bajado la
presión y se llevó su mano a la frente, yo le contesté que me disculpara pero
que lo único que tenía ya me lo había gastado en los dos boletos del metro, y
era verdad pero aunque hubiera tenido no le habría dado de todos modos. La señora
me agradeció y se acercó a otras dos mujeres, parece que sí le dieron algo; en
mi opinión hubiera pedido ayuda a algún empleado del metro, en fin. A las tres
o cuatro horas después, me bajé en la misma estación para regresar a casa y
pude ver del lado que me había subido antes a la misma señora acercándose a un
señor y llevándose la mano a la frente. ¿Qué puedo pensar de esto? ¿Tres horas
después y la señora seguía pidiendo dinero con la presión baja? También he
sabido que hay gente bien vestida que alega que la acaban de asaltar y necesita
dinero para llamar por teléfono o para el metro o para quién sabe qué tanto, y
al día siguiente encuentras a esa misma persona con la misma cantaleta.
Igual pasa con las famosas marías y su chilpayate en el
reboso, que se habla de que no es más que pura mafia en la que los niños son
enjaulados, drogados y rentados con tarifa establecida, pero hablar de ello
sería alargarme puesto que es un tema no muy conocido todavía y considero que
requiere su propio espacio, así que concluyo diciendo que es consideración de
cada quién dar o no a quien pide dinero por cualquier razón, en la que pueda
ser verdad o no que la persona lo necesite, pero desde mi punto de vista esa no
es la solución y ni siquiera se aminora el problema de esta gente, con esto se
contribuye a dar continuidad a un círculo vicioso mismo que se adapta a los
avances tecnológicos porque hasta en Internet ya existen páginas de personas
que piden dinero nada más porque sí. Y el no dar no es que uno se ajeno al
problema más bien es ser consciente del problema.
Les deseo a todos suerte con los exámenes y felices fiestas.
Publicado en el año 2008

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