“El Secreto de Vera Drake” (Vera
Drake, Gran Bretaña, 2004), escrita y dirigida por Mike Leigh (The Full
Monty), y protagonizada por Imelda Staunton (Harry Potter y La Orden del
Fénix), además de la breve participación de Jim Broadbent (Moulin Rouge),
obtuvo tres nominaciones al premio Oscar en 2005, dos de ellas por mejor actriz
y por mejor guión original, ganadora en otros premios como los BAFTA en
Inglaterra.
Sinopsis: En 1950 Vera trabajaba
como empleada doméstica para una familia adinerada en la ciudad de Londres. Al
terminar su jornada laboral visitaba a su vecino enfermo para hacerle un poco
de compañía; después llegaba a su casa para preparar la cena y atender a su
anciana madre. Stan, su esposo, trabajaba en un taller mecánico, su hijo Sid
era aprendiz de sastre y su hija Ethel laboraba en una fábrica de bombillas.
Eran una familia pobre pero unida y feliz, sobre todo Vera, quien nunca se
quejaba de nada, enfrentaba la vida con una sonrisa y también era muy
bondadosa. Un día invitó a cenar a Reg, otro vecino al que apenas si conocía,
pero que creía era un hombre solitario que no comía lo suficiente. Sin embargo,
Vera tenía un secreto que ni siquiera su esposo se imaginaba. Se reunía con una
antigua conocida y acordaban citas que por lo general eran los viernes en la
tarde. En estas citas ayudaba a jóvenes mujeres a ponerle fin a embarazos no
deseados sin cobrar un solo quinto. Pero llega el día en que una de las
muchachas presenta serias complicaciones después del aborto, así que su madre
la lleva rápidamente al hospital terminando así la apacible vida de Vera, convirtiéndose
ahora en todo un juicio moral para toda su familia.
En esta ocasión quise hacer esta
reseña por dos razones: la primera por recomendar una interesante película, la
segunda por compartir una reflexión que vino a confundir mi postura en cuanto
al controvertido y hasta gastado tema del aborto. No ahondaré al respecto
porque es una cuestión bastante compleja.
Considero que el objetivo
principal de este filme es exponer un problema de importancia social y moral
pero sin influir en la opinión del espectador, más bien lo invita a
cuestionarse, a debatir y a escuchar.
Me parece que el personaje de
Vera no debería ser juzgado y eso es lo que precisamente su familia lucha por
comprender, porque la creían incapaz de hacer algo prohibido. Su hijo Sid reprueba
sus acciones por ir en contra de los principios que la propia madre le inculcó.
Él grita: “¡Son bebés!”. Vera recibe silenciosamente los reclamos de su hijo. No
se puede decir que esté arrepentida, pero tampoco se puede decir que esté
satisfecha de lo que ha ocultado por mucho tiempo. Al preguntarle por qué lo
hacía además de que ni siquiera cobraba nada, únicamente respondió: “Ellas
tienen problemas y yo las ayudo”. Ella fue una de esas mujeres.
No se puede ser tan radical, mucho menos si no se ha pasado por situaciones así, es muy fácil opinar cuando uno es ajeno al problema, pero cuando uno vive en carne propia aquello entonces ya no es fácil, ya no se está tan seguro de qué decisiones tomar. Y con esto no quiero decir que apruebo ciegamente la práctica de abortos por cuestión de proyecto de vida ni nada de eso, simplemente creo que eso es decisión de las propias madres, ellas juzgarán si están haciendo bien o están haciendo mal. Diario se cometen crímenes a nivel masivo sin importar si son mujeres, niños, bebés y eso sí lo permiten. Entonces, ¿qué diferencia hay?
Publicado en el año 2008

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