noviembre 29, 2025

Limosna, un modus vivendi



Es en esta época del año en la que nos invaden mensajes como “Al dar no esperes recibir”, “Es más importante dar que recibir” y otras por el estilo. No es que esté en contra de estas frases, simplemente que no me parece el modo en que, sobre todo la mercadotecnia, las utilizan. Pero hay una frase en particular que me ha hecho reflexionar mucho sobre su significado, “En el pedir está el dar”.

 

Un día vi que un señor de aspecto humilde se le acercó a otro pidiéndole dinero, alegando que lo necesitaba con desesperación, en eso un muchacho sacó su cartera y le dio unas monedas, no sé cuánto le dio pero se disculpó por no tener más cambio, el señor le dio las gracias pero no se conformó y siguió insistiendo al otro bastante tiempo hasta que comenzó a “llorar”, y ni así el otro señor se decidió a darle algo más que un rotundo “no”. Inmediatamente como en cámara lenta percibí la transformación del rostro del señor que pedía dinero, de un momento en el que su rostro era de una persona sumisa, pidiendo clemencia, compasión, etc., cambió al de una persona agresiva, con ojos de odio directamente a aquel señor que no se conmovió ante sus súplicas, y cuando parecía que se le iba a echar encima sólo dijo juntando los dientes “Ojalá que nunca tengas nada” y se fue. Este tipo de gente realmente me molesta, no los que no dan, sino los que piden. No es porque yo sea egoísta, tacaña, avara o como algunos pudieran llamarme, pero es que no es obligación de nadie dar dinero a quien lo pida nada más por poner cara suplicante. Talvez el señor sí necesitaba desesperadamente el dinero, pero digo ¿quién no?, no es el único que se las está viendo duras y no por eso todos salimos a limosnear, porque no es otra cosa, y todavía se hace el ofendido.

 

Otro caso fue que en el metro, una señora como de cincuenta o sesenta años, se me acercó humildemente diciéndome que si no tenía alguna moneda que le pudiera dar porque se le había bajado la presión y se llevó su mano a la frente, yo le contesté que me disculpara pero que lo único que tenía ya me lo había gastado en los dos boletos del metro, y era verdad pero aunque hubiera tenido no le habría dado de todos modos. La señora me agradeció y se acercó a otras dos mujeres, parece que sí le dieron algo; en mi opinión hubiera pedido ayuda a algún empleado del metro, en fin. A las tres o cuatro horas después, me bajé en la misma estación para regresar a casa y pude ver del lado que me había subido antes a la misma señora acercándose a un señor y llevándose la mano a la frente. ¿Qué puedo pensar de esto? ¿Tres horas después y la señora seguía pidiendo dinero con la presión baja? También he sabido que hay gente bien vestida que alega que la acaban de asaltar y necesita dinero para llamar por teléfono o para el metro o para quién sabe qué tanto, y al día siguiente encuentras a esa misma persona con la misma cantaleta.

 

Igual pasa con  las famosas marías y su chilpayate en el reboso, que se habla de que no es más que pura mafia en la que los niños son enjaulados, drogados y rentados con tarifa establecida, pero hablar de ello sería alargarme puesto que es un tema no muy conocido todavía y considero que requiere su propio espacio, así que concluyo diciendo que es consideración de cada quién dar o no a quien pide dinero por cualquier razón, en la que pueda ser verdad o no que la persona lo necesite, pero desde mi punto de vista esa no es la solución y ni siquiera se aminora el problema de esta gente, con esto se contribuye a dar continuidad a un círculo vicioso mismo que se adapta a los avances tecnológicos porque hasta en Internet ya existen páginas de personas que piden dinero nada más porque sí. Y el no dar no es que uno se ajeno al problema más bien es ser consciente del problema.

 

Les deseo a todos suerte con los exámenes y felices fiestas.


Publicado en el año 2008

noviembre 22, 2025

"Fue a Dallas"



Habiendo tantos temas sociales y políticos para reflexionar, analizar y opinar, fue en éste en el que la inspiración se apiadó de mí, y antes de que comenzara a arrancarme los cabellos, decidí escribir sobre la devaluación, pero no la devaluación del peso ni nada por el estilo, sino la devaluación personal, específicamente la autodevaluación femenina, y para esto les narraré brevemente lo siguiente:

 

Lorena es una joven de entre diecisiete y veintiún años, es difícil saber con exactitud debido a que cuando se maquilla mucho parece una mujer de más de treinta, pero al escucharla hablar se nota la inmadurez de una niña de quince. Desde pequeña ha mostrado una actitud rebelde y precoz, además de un desarrollo físico un poco adelantado para su edad, lo que ha provocado llamar la atención, sobretodo, la del género masculino. Al principio esto talvez la inhibió, pero poco a poco se fue acostumbrando, se hizo a la idea, ¿y cómo no?, si sólo así ha conseguido hacerse notar, no recibe ningún elogio o reconocimiento de otro tipo que no sea con respecto a sus protuberantes pechos o anchas caderas, por ello usa ropa ajustada que le ayude a resaltar esos atributos. Entonces inicia una particular forma de vivir. Como diría mi madre: “Fue a Dallas”, fue a darlas todas. Cree que es por lo único que vale, que sólo para eso sirve, para dar placer. En la escuela, sus compañeros quieren ser sus novios, afuera, muchos la… “quieren”.

 

En el trabajo, el jefe no le quita los ojos de encima y busca siempre la oportunidad de quedar a solas con ella. Así como él, muchos otros, y las esposas de éstos los obligan a correrla, por lo tanto Lorena tiene que ir de aquí a allá. En el camino va encontrando “amigos” que le ofrecen su ayuda, claro, ella tiene que demostrar su gratitud dando lo que siempre, en su corta vida, le han pedido. Por supuesto que besos y abrazos no son suficientes, Lorena busca algo más y no es precisamente amor. Francamente, yo no sé qué será, ¿seguridad, dinero? Tampoco sé hasta dónde es capaz de llegar, lo que sí sé es que Lorena puede cambiar su forma de vida, todo depende del valor que así misma se de, por lo tanto no diré el final de esta pequeña historia ya que no hay tal.

 

Y como la inspiración momentánea ya me dijo adiós, me queda por decir que ojalá Lorena fuera una invención mía, pero desafortunadamente existen muchas Lorenas en la vida real, además de muchos hombres que no las valoran; espero que por lo menos en esta comunidad escolar no haya casos así, ni ahora, ni en el futuro, que tanto mujeres y hombres, en general seres humanos de cualquier edad, tengamos dignidad, respeto y amor propio.


Publicado en el año 2008

noviembre 15, 2025

La marcha de los borreguitos

 




Ya parece que gracias a la convocatoria de gente del espectáculo, y de su “desinteresada” asistencia a la mega marcha realizada el pasado 30 de agosto, habrá menos presión sobre los políticos para que ya pongan un alto a los delincuentes, claro, sin decepcionar a sus fans y cumplirles el sueño dorado de tomarse fotos con ellos y firmarles autógrafos, olvidando por unos segundos el por qué estaban ahí realmente. ¿Verdad Niurkita?

 

Mi pregunta es ¿por qué pedir justicia y exigir a las autoridades el cumplimiento de su deber única y exclusivamente cuando se ve amenazada la gente de alto poder adquisitivo (los “cuates” de los poderosos), y no desde hace unos años atrás, cuando deja de importar el status social y ahora también secuestran a gente con escasos recursos económicos como gente que vive en Ciudad Nezahualcóyotl?

 

Según estadísticas de la Confederación Patronal de la República Mexicana y del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, en 2003 se cometieron 1,200 secuestros, a lo que la PGR responde como estimaciones sin fundamento. Esto me lleva a pensar en la mega marcha de 2004, sí, hace cuatro años la gente salió a protestar exigiendo lo mismo: seguridad. Pero, ¿a caso ese movimiento sirvió para conmover los corazones de los delincuentes y de las autoridades que los protegen? La respuesta es no. Como no creo que realizando mil marchas vayan a lograrlo. México está superando a Colombia y a Brasil en lo que respecta a secuestros, si realmente hubiera intenciones de mejorar esta y otras situaciones las veríamos en las acciones del gobierno, por ejemplo, quitando y encarcelando a los altos funcionarios que saben perfectamente quiénes son los miembros del crimen organizado y cómo operan, pero en vez de ello y para que todos veamos que efectivamente están haciendo su trabajo y nos callemos castigan delincuentes comunes o de 1,000 pesos, delincuentes chiqu9itos pues.

 

Cuánta gente de los que asistieron no se queja de las diversas manifestaciones que se llevan a cabo en el país, pero sobre todo en la ciudad, olvidando que ellos ya son parte de una manifestación, es decir, que “mientras no me pase a mí no me meto, pero cuando yo me veo afectado entonces si participo”. Todo esto es a conveniencia de cada quien, no digo que esté en contra del derecho a manifestarse, simplemente que se haga con argumentos válidos y congruentes, sin otras intenciones más que las que son causa de la manifestación, aspectos que en esta marcha no hubo.

 

La solución no está en las marchas, la solución está en uno mismo, podemos protestar contra los gobernantes estudiando, preparándonos, haciendo uso de los valores morales, en fin, pero para la mayoría es más fácil exigir que dar algo bueno a los demás, al fin, ¿qué son dos horas de caminar a toda una vida de honradez?


Publicado en el año 2008

noviembre 08, 2025

Carta para...




En el transcurso de este semestre que ya acabó, se vivió un cambio en la escuela al cual muchos no nos logramos acostumbrar del todo, y no nada más hablo de mí y de mis compañeros, incluso algunos profesores llegaron a manifestar cierta confusión al comenzar el curso. El ambiente escolar fue muy diferente en semestres pasados, era costumbre ver a nuestra pequeña institución llena de gente, sobretodo a la hora del receso. Pero en esta ocasión no fue así, más bien la escuela se vació, por decirlo de alguna manera, esto provocó que los días fueran aburridos y por qué no decirlo, hasta fastidiosos. No es extraño que a veces o casi siempre uno no quiera ir a clases, pero ahora esa falta de ganas fue más fuerte simplemente porque ya se estaba haciendo rutina. No estoy en contra de las rutinas, pero creo que a veces uno espera variaciones durante el día, no sé, ir a clases, platicar con los amigos del mismo salón o de tros grupos, saludar a los profesores, y que siempre sea diferente, alguna broma por ejemplo. Ahora no fue así. Cada vez había o más bien, hay menos gente.

 

En mi salón el ambiente fue llevadero, como siempre hubo diferencias de algunos de mis compañeros con alguno que otro profesor, pero nada fuera de lo normal. Creo que muchas clases fueron interesantes y hasta divertidas. Aún así, me gustaría que todo volviera a ser como antes, cuando había motivación, cuando se les notaba a los profesores el ánimo de ir a darnos clases, cuando sucedía algo divertido en el patio, más bullicio y, tal vez, más convivencia entre nosotros.

 

Sé que la vida está llena de cambios, algunos para bien, otros para mal, depende de cómo lo vea cada quien. Como en el caso de nuestros compañeros de sexto que ya terminan el bachillerato, es un cambio bueno porque están subiendo un escalón en su vida, y aunque no conviví con ellos les deseo muy buena suerte en el nuevo camino que tomarán, espero que logren entrar a la universidad que elija y que logren entrar a la universidad que elijan y que logren sus metas a futuro. Algunos de ellos son colaboradores de esta gaceta, así que creo que se extrañarán sus escritos, yo les agradezco que nos hayan compartido pensamientos, opiniones, chistes, etc. en este pequeño espacio que tenemos para expresarnos.

 

En fin, cambios, giros, vueltas… de todo sucede. Esperemos que el próximo semestre sea mejor, mientras preparémonos para los exámenes finales y talvez para los extraordinarios también, para que podamos gozar de las tan anheladas vacaciones de verano y regresar relajados y con las pilas bien puestas. Suerte a todos.


Publicado en el año 2008

noviembre 01, 2025

Ni sí, ni no




“El Secreto de Vera Drake” (Vera Drake, Gran Bretaña, 2004), escrita y dirigida por Mike Leigh (The Full Monty), y protagonizada por Imelda Staunton (Harry Potter y La Orden del Fénix), además de la breve participación de Jim Broadbent (Moulin Rouge), obtuvo tres nominaciones al premio Oscar en 2005, dos de ellas por mejor actriz y por mejor guión original, ganadora en otros premios como los BAFTA en Inglaterra.

 

Sinopsis: En 1950 Vera trabajaba como empleada doméstica para una familia adinerada en la ciudad de Londres. Al terminar su jornada laboral visitaba a su vecino enfermo para hacerle un poco de compañía; después llegaba a su casa para preparar la cena y atender a su anciana madre. Stan, su esposo, trabajaba en un taller mecánico, su hijo Sid era aprendiz de sastre y su hija Ethel laboraba en una fábrica de bombillas. Eran una familia pobre pero unida y feliz, sobre todo Vera, quien nunca se quejaba de nada, enfrentaba la vida con una sonrisa y también era muy bondadosa. Un día invitó a cenar a Reg, otro vecino al que apenas si conocía, pero que creía era un hombre solitario que no comía lo suficiente. Sin embargo, Vera tenía un secreto que ni siquiera su esposo se imaginaba. Se reunía con una antigua conocida y acordaban citas que por lo general eran los viernes en la tarde. En estas citas ayudaba a jóvenes mujeres a ponerle fin a embarazos no deseados sin cobrar un solo quinto. Pero llega el día en que una de las muchachas presenta serias complicaciones después del aborto, así que su madre la lleva rápidamente al hospital terminando así la apacible vida de Vera, convirtiéndose ahora en todo un juicio moral para toda su familia.

 

En esta ocasión quise hacer esta reseña por dos razones: la primera por recomendar una interesante película, la segunda por compartir una reflexión que vino a confundir mi postura en cuanto al controvertido y hasta gastado tema del aborto. No ahondaré al respecto porque es una cuestión bastante compleja.

 

Considero que el objetivo principal de este filme es exponer un problema de importancia social y moral pero sin influir en la opinión del espectador, más bien lo invita a cuestionarse, a debatir y a escuchar.

 

Me parece que el personaje de Vera no debería ser juzgado y eso es lo que precisamente su familia lucha por comprender, porque la creían incapaz de hacer algo prohibido. Su hijo Sid reprueba sus acciones por ir en contra de los principios que la propia madre le inculcó. Él grita: “¡Son bebés!”. Vera recibe silenciosamente los reclamos de su hijo. No se puede decir que esté arrepentida, pero tampoco se puede decir que esté satisfecha de lo que ha ocultado por mucho tiempo. Al preguntarle por qué lo hacía además de que ni siquiera cobraba nada, únicamente respondió: “Ellas tienen problemas y yo las ayudo”. Ella fue una de esas mujeres.

 

No se puede ser tan radical, mucho menos si no se ha pasado por situaciones así, es muy fácil opinar cuando uno es ajeno al problema, pero cuando uno vive en carne propia aquello entonces ya no es fácil, ya no se está tan seguro de qué decisiones tomar. Y con esto no quiero decir que apruebo ciegamente la práctica de abortos por cuestión de proyecto de vida ni nada de eso, simplemente creo que eso es decisión de las propias madres, ellas juzgarán si están haciendo bien o están haciendo mal. Diario se cometen crímenes a nivel masivo sin importar si son mujeres, niños, bebés y eso sí lo permiten. Entonces, ¿qué diferencia hay?


Publicado en el año 2008

octubre 24, 2025

Hasta luego compañeros

 


Para muchos la mejor época del año es la navideña, para otros es la peor, sin embargo para mí simplemente es la más triste, porque es cuando uno está propenso a recordar tiempos pasados, añorarlos, después de reflexionar y preguntarse qué deparará el futuro, desear que aquel ser querido ausente esté ahí con nosotros, querer volver a ser niño teniendo la ilusión de que en esta época (aparte de recibir juguetes) habrá más amor y paz, y el mundo será mejor sólo porque Santa Claus y sus renos esparcirán la alegría y la esperanza a todos. Por eso es que me pongo muy melancólica, por la realidad, por los cambios que se dan contándolos a partir de cada fin e inicio de año.

 

Me pone sentimental el hecho de que nuestros compañeros de sexto semestre se vayan, en especial Carlos y Javo, a los cuales les tengo mucho cariño y les dedico estas líneas, porque les agradezco mucho el haberme invitado a formar parte de esta gaceta en la cual se va a extrañar su participación. Para mí ha sido un desahogo el plasmar por escrito mis sentimientos y mis puntos de vista, y poderlos compartir con quienes los leen. Les pido disculpas por todas las veces que me han tenido que apurar para escribir, como en esta ocasión (no es a propósito), eso me ha hecho sentir importante y que mis artículos valen la pena, me han ayudado a ubicarme más en cuanto a lo que quiero para mi futuro. Si antes estaba perdida, ahora encontré un camino.

 

Y con todo este sentimentalismo mío, quiero que sepan que me da mucho gusto que vayan a comenzar una etapa nueva, en donde tendrán mucho éxito porque son personas con mucho que dar. Por eso trataré de no ponerme triste, al contrario, me alegraré por ustedes, al fin estoy segura de que nos seguiremos viendo. Realmente espero que les vaya bien, porque a pesar de que no convivimos mucho los estimo de verdad. Presiento que esta Navidad y Año Nuevo no serán tan malos, ya que también pasaré a cuarto semestre y eso para mí es un gran logro, por lo tanto ya tengo motivos para estar feliz.

 

A todos les deseo que tengan unas felices fiestas, que descansen de todo el estrés de la escuela y ya nos veremos el próximo año.


Publicado en el año 2007

octubre 17, 2025

Día de difuntos, siglos de muertos




El 2 de noviembre es el día en que rendimos homenaje a nuestros muertos, dedicándoles un altar lleno de flores de Tzempaxuchitl, fruta como caña de azúcar, tejocotes y cacahuates, papel picado de diferentes colores y cosas que disfrutaban en vida como sus platillos favoritos, o talvez algún vicio que tenían como una cajetilla de cigarros o una botella de tequila y lo que no puede faltar, el delicioso pan de muerto.

 

Sin embargo, me gustaría hacer una invitación a hacer consciencia e incluir en nuestro tributo, aunque sea en pensamiento, a todos aquellos muertos que ni siquiera conocimos, pero que de la mayoría sabemos cuáles fueron sus causas de muerte. Hablo de la gente que ha tenido que interrumpir su camino por caprichos y necedades de los que creen que tienen derecho a quitar la vida.

 

A través de la historia se han registrado gran cantidad de genocidios y masacres que han dejado huellas imborrables en los sobrevivientes, muchos de estos sucesos son las razones por las cuales en la actualidad seguimos viendo cómo asesinan brutalmente a la gente, y ¿por qué?, por poder, palabra de sólo cinco letras que encierra una inmensa e increíble bomba de odio.

 

Me viene a la mente la Roma del siglo III a.C., donde ya se acondicionaba al pueblo a disfrutar del sufrimiento y muerte de los esclavos que eran obligados a combatir como gladiadores. En la edad media, el castigo a los que delinquían gravemente era la muerte y esto en presencia de todo el pueblo como muestra de que la ley se hacía valer, para la gente era un gran espectáculo y querían ver sangre hasta el final. De esto y más se dio en todo el mundo, con invasiones a los territorios de América Latina, Asia, Australia, etc. Pero tal parece que hoy, en pleno siglo XXI, cuando se supone estudiamos la historia para no cometer los mismos errores que en el pasado, el ser humano no entiende, no ha entendido, la sociedad sigue ávida de sangre, venganza o puro placer.

 

A diario escucho y veo en el periódico o en la televisión noticias sobre “tantos muertos por bomba…, tantos muertos por invasión… tantos por arreglo de cuentas…” y más, y más. ¿Por qué tanta gente tiene que morir de ese modo?, ¿por qué niños, mujeres, hombres, en general civiles, que lo único que hacen es tratar de sobrevivir lo mejor que pueden? Tal parece que el gran pecado que han cometido es existir. Realmente esto me horroriza, me entristece mucho pensar que podría ser yo o la gente que conozco, que quiero, que respeto, o la que pasa a mi lado a diario en la calle, los que podríamos estar a punto de morir de esta manera. Ver a un ser humano denigrar a otro sólo por un puñado de poder es asqueroso. ¿Hasta cuándo terminará la pesadilla? ¿Terminará? Seguramente pasarán muchas generaciones antes de que eso ocurra.

 

Así pido entonces dediquemos un pensamiento sincero a la memoria de todos aquellos difuntos, no un día, sino siempre.


Publicado en el año 2007

octubre 10, 2025

Un brindis por...


     

¡Salud! ¡Salucita! ¿No es irónico utilizar estas expresiones después de tres horas con quién sabe cuántos tragos de más y a punto de estrellarse en la avenida, o a un paso de ser miembro de la Asociación de Alcohólicos Anónimos?

 

En la pubertad tuve bastante interés por probar la cerveza, todos en las fiestas bebían, y quien no bebía era un teto. Comenzaban las risas, pláticas incoherentes, algunos fajes entre los que se acababan de conocer y los viejos conocidos, pleitos, en fin, de todo había. Y era divertido.

 

Pero aquello fue en una época de confusión, de depresión, de vale queso la escuela al fin que mis papás me mantienen, el futuro está muy lejos y tengo derecho a divertirme, cuando cumpla los 18 me voy a independizar, etc. Qué fácil es hablar. Sin embargo, el tiempo vuela y yo sigo en casa con mis padres, alcanzada por aquel futuro que creía lejano en el cual ya tengo más responsabilidades, más consciencia de que la vida no es fácil y que nadie me va a resolver mis problemas, pero aún así, sigo teniendo derecho a divertirme. Sí, a divertirme, no a embrutecerme.

 

Hubo dos o tres ocasiones en que me pasé de “chelas”, creo que con una más y ya no hubiera sabido nada. Pero tuve suerte de que no me pasara nada malo porque en algunos lugares no conocía a nadie, sólo a la amiga que me había invitado y mis padres creyendo que estaba en el parque. La última cruda que tuve fue la peor, tres caguamas y media yo solita y haciendo desfiguros en la calle. Dos días con un insoportable dolor de cabeza, náuseas y un sentimiento de culpa terrible y la frase obligada: “No lo vuelvo a hacer”. Afortunadamente yo no he tenido que tocar fondo para reaccionar.

 

Hace poco saliendo a la tienda vi a una chava orinando en plena entrada a mi edificio, le vi todo, ¡ah!, fue asqueroso. Ella y sus amigas al escuchar mis pasos salieron corriendo. Cuando llegué a la tienda había un montón de chavas cayéndose de borrachas esperando a que los dos tipos con los que iban les dieran más alcohol. Me dio mucho asco tan sólo de respirar el aliento que llegaba a tres metros. En otra ocasión también en una tienda, era medio día y un tipo se cayó de borracho y me llegó a empujar. Verlo tirado ahí apestando me dio repulsión pero más que eso, me dio lástima.

 

Beber es rico, claro, para quien le gusta, además relaja y en cierta medida es saludable para el organismo, pero hasta ahí. No es divertido, es patético ver a alguien tirado de ebrio o ebria, sin poder hablar bien, haciendo el ridículo y dando pena. Pienso que a nadie le gustaría que sus familiares o amigos se avergonzaran de uno por el “pequeñísimo” detalle de pasarse de tragos.


Publicado en el año 2007

octubre 03, 2025

Miedo-prejuicio

 

  


Un día una amiga me invitó a salir, no me dijo a dónde, simplemente nos quedamos de ver en la tarde. Así que como creí que íbamos a ir a alguna plaza comercial, como veces anteriores, me arreglé para no ir fachosa. Pero apenas llegué al punto de encuentro y mi amiga sale con una jalada: “Vamos al Chopo”. Yo nunca había ido así que le contesté que cómo creía, que mi ropa, que la hora, etc. Pero me dijo que no me preocupara al fin que para ella es muy común ir, así que nos fuimos a ese “desconocido” lugar.

 

He de confesar que tenía una imagen de que al Chopo sólo van los pandrosos o freaks, darks, punks y ondas raras. Muchos de ellos sí van y sí hay ondas raras, incluso los medio hippies. Más bien yo iba con el miedo, que en realidad era prejuicio, de que por su apariencia de ser “malos” me iba a molestar burlándose de mí o robándome algo por ir vestida como iba y no ser de su onda.

 

Gran sorpresa fue que nadie me volteó a ver, nadie me dijo nada, nadie me molestó. Y cuando mi amiga y yo nos acercábamos a un puesto para preguntar el precio de algo me contestaban como a cualquier otro. La imagen que tenía de este lugar cambió totalmente.

 

Pienso que todos tenemos prejuicios ya sea por diferencia de clases, de raza, de religión o ideología. No sé si será normal o inevitable, pero sea o no creo que aunque muchas cosas no nos parezcan debemos respetarlas, al menos hacer un intento.

 

Un ejemplo es que a mí no me parece que existan los gays. Simplemente no me hago a la idea de sus preferencias sexuales, pero ¿saben algo?, los respeto, porque antes que nada son pe4rsonas como yo, con sentimientos, con brazos, piernas, etc. De hecho los chavos gays que he conocido me caen muy bien, no hay nada diferente al platicar y divertirse con ellos. No estoy de acuerdo en que se les trate de ignorar o hasta humillar, como si con eso fueran a desaparecer. No está en manos de nadie cambiarlo, así que para qué se pone uno en ese plan de desprecio. Yo al contrario, hablo con las personas sin ponerme a pensar de que “si me entero que es gay le dejo de hablar”. Igual con los católicos , con los judíos, con los darks, con los gorditos, con pobres, con ricos…

 

En estos tiempos hace falta la unión, los grupos podrán ser diferentes, pero todos formamos parte de una sociedad y mientras haya respeto creo que toda convivencia es posible, tomando en cuenta que no hay que irse a los extremos, es decir, que no por el hecho de no odiar, vas a amar, no, simplemente es respetar. Así que habrá muchas cosas que no nos parezcan, más no por eso se va a llegar al grado de asesinar como el Ku Klux Klan, o los nazis.

 

Apliquemos la frase “Vive y deja vivir”, primero uno tendría que ver sus defectos para poder criticar los de otros. Quien se siente a gusto consigo mismo sin importarle lo que otros piensen es de mi más grande admiración.


Publicado en el año 2007


septiembre 27, 2025

Dime qué sabes y te diré quién eres


              

Hace algunos años yo era una de esas muchas personas que veía la escuela, cualquier escuela, como un lugar de castigo, no importaba que algunos fueran muy sonrientes diciendo que habían estudiado mucho para los exámenes y que por ello sus padres les iban a dar un premio; era lo más aburrido que pudiera existir, ¿para qué demonios estudio Historia si lo hecho, hecho está?, ¿por qué no mejor existe una materia donde te pregunten la programación de Canal 5?

 

Así estuve por mucho tiempo, mientras hacía la tarea veía la televisión, cuando “estudiaba” era todo de memoria, por eso es que ahora no sé las capitales de los países, ni quién fue un tal Emiliano Zapata, pero sí recuerdo bien a María Mercedes.

 

Afortunadamente, mi lapsus brutus pasó a mejor vida…bueno, eso intento, pero hubo un periodo largo y tormentoso en mi vida que me hizo reaccionar dejando a un lado esa pobre mentalidad de estudiar sólo para pasar una materia o un grado. Me he dado cuenta de que de todo lo que se aprende se puede sacar mucho provecho y en consecuencia sentirme útil para mí y para otros.

 

En una ocasión se les preguntó a algunos chavos que para qué van a la escuela, la mayoría respondieron que porque los mandaban, unos pocos que para satisfacer necesidades materiales y sólo uno o dos contestaron que para aprender. Me sentí mal, recordé que yo fui conformista, también porque muchos creen que quien pone atención en clase, hace las tareas y estudia para los exámenes y tiene cierto nivel cultural es un matado o ñoño o un idiota que se somete a lo que dicta la sociedad. Mas bien esto es al revés, los que no estudian algo son los sometidos por los gobernantes, los que no saben nada y no les importa son esclavos de la sociedad, porque no teniendo conocimientos que ofrecer terminan haciendo lo que se les diga y si no lo hacen habrá otro que las haga. En cambio, una persona que bien podría ser autodidacta, tiene la oportunidad de decidir qué hacer y qué no, es más libre por el simple hecho de querer saber. La escuela como lugar no es lo importante, puedes aprender de cualquier modo, lo que importa es la decisión y el compromiso.

 

Puedo dar un sinfín de ejemplos, pero se me viene a la mente un músico llamado John Lennon, que a pesar de haberse inspirado bajo el efecto de drogas, dejó una huella muy importante por medio de sus conocimientos a través de la música; dijo algo inteligente. Y como dijo Sir Francis Bacon, “un hombre no es más que lo que sabe”.


Publicado en el año 2007

septiembre 20, 2025

¿Película o realidad?


            

El otro día me comentaban que la película “Kilómetro 31” está buenísima, que vale mucho la pena. También recuerdo que cuando estuvo en cartelera “Efectos Secundarios” mucha gente me la recomendó, que estaba divertida y así he escuchado comentarios favorecedores hacia el cine mexicano.

 

Además, actores, directores, fotógrafos, etc., están dejando una huella impresionante dentro de la industria cinematográfica a nivel internacional, y eso es realmente de reconocerse y admirarse.

 

Con todo eso creo que la mala fama que tiene el cine mexicano comienza un poco a hacerse menor, la gente ya no duda tanto al pagar su boleto para ver una película mexicana. Pero es como en todo, por ejemplo, Hollywood se las ha visto negras para mantener su industria, ya no hace otra cosa que refritos de películas como “La Aventura del Poseidón”, “King Kong” o “La Momia”, además de recurrir a las secuelas como en “Superman”, pero también tiene buenas propuestas. Igual el cine mexicano tiene películas que bien lo valen y otras que mejor las evitamos.

 

De hecho, ha habido buenas películas, pero casi nadie las ha visto por nula publicidad, tal es el caso de “Sin Dejar Huella” que hace unos años se estrenó y que sólo duró dos semanas en cartelera comercial. Otro ejemplo es “El Violín” que ya ganó premios importantes en el Festival de Cannes, en el de San Sebastián, en el Ariel, por mencionar algunos y la película ni se ha estrenado, incluyendo que ha estado enlatada desde 2005. Y así como éstas, muchas, desde que el productor tiene que vender su propia casa para poder financiar su película, hasta las que ya están listas para ser exhibidas, lo único que les falta es el distribuidor.

 

Hablamos mal del cine mexicano, cuando ni lo hemos visto. Y ahora que hay más variedad en cuanto a géneros, me parece que hay que dar una oportunidad a aquellos que nos representan mundialmente en el cine.


Publicado en el año 2007

septiembre 13, 2025

No compro ni vendo cariño

   













Desde niños nos enseñan a preferir cosas de muy buena calidad antes que tener calidad como seres humanos, muchos ni siquiera saben qué significa eso. Afortunadamente yo conozco algunas personas que anteponen sus principios a lo material o que por lo menos, y hablo por mí, intentan no caer en el juego del “cómprese y tírese” y mejor gozan de la vida sin necesidad de productos que no nos sirven más que para seguir alimentando los estereotipos de una supuesta vida feliz.

 

Recuerdo que cuando era niña al ver la televisión no importaba qué sucediera, la tenía que ver, aunque mi papá llegara cansado de trabajar y aún así hacía el esfuerzo extra de pasar a la tiendita y comprarme mi cajita de dulces con el muñequito sorpresa, esperando que al abrir la puerta yo corriera a abrazarlo y llenarlo de besos. En vez de eso yo tenía que ver la serie de chavos rubios, guapos, demasiado buena onda para ser verdad, viviendo en casas que no estaban nada mal, con sus coches de lujo y una escuela en donde ni siquiera tenían que estudiar, sólo era para que uno se identificara con ellos como estudiantes incomprendidos. Papá podía esperar, primero tenía que atender a los chavos de Beverly Hills 90210 que para mí y mis compañeras de la escuela eran lo máximo. No tenía nada que ver conmigo ese estilo de vida, ni con nadie que yo conociera, por ello cada vez que terminaba el programa me sentía verdaderamente miserable por no ser como ellos. ¿Qué absurdo, no?

 

Es bueno querer superarse y tener lo mejor, digo ¿a quién no le gusta tener lujos?, pero sin hacer a un lado a nuestros seres queridos o a gente que ni siquiera conocemos pero que tampoco nos ha hecho ningún mal, o dejar de valorar las cosas que realmente dan sentido a nuestra vida, así sea observar una puesta de sol, un eclipse, los primeros pasos de un niño, nadar en el mar, ver cómo mueve la cola un perro cuando su dueño llega a casa, o cuando alguien que no te esperas se haya acordado de tu nombre, y tantas cosas más. Y aunque para algunos talvez esto no signifique nada y hasta les parezca ridículo o cursi, para mí y para esas pocas personas que conozco eso es calidad, pero calidad humana, saber valorar lo bueno, lo que muchos hasta envidian y por eso critican y se ríen de los que tienen amor incondicional. Es patético ver cómo tienen que recurrir hasta la humillación para tener a alguien que mínimo los abrace.

 

Yo no compro ni vendo cariño, la vida ya de por sí es muy complicada como para complicarla más. El valor de una persona no lo dice un ticket de compra o el estado de cuenta de American Express, lo dice su capacidad de amar y respetar.


Publicado en el año 2006

septiembre 05, 2025

De vuelta


Han pasado 9 años desde mi primera y única publicación en este espacio. Regreso nuevamente a este blog para volver a darme la oportunidad de desahogar pensamientos, ordenar ideas y compartir palabras. Pero antes, quiero salvaguardar una serie de escritos que realicé para la gaceta de mi preparatoria allá por 2006, es decir, hace casi 20 años (¡válgame!) y que fueron mis inicios, por lo que a continuación y por el momento será el contenido de este espacio.


Gracias por leer.

 


Hoy en día es muy común escuchar frases como “es que en este país”, “es que todos estamos fregados”, “es que…”, en fin. Yo soy consciente de que en México no sólo existen los colores verde, blanco y rojo, también existe y predomina un gris desesperanzador. Pero, si le preguntamos a la gente mayor sobre cómo era su situación cuando eran jóvenes, seguramente nos dirían, que con todo y sus problemas son orgullosamente mexicanos. ¿Por qué esta actitud? La gente en esa época no tenía tantas distracciones como ahora. Ellos estudiaban o trabajaban. ¡Qué padre que nosotros tenemos televisión, internet, discman, Ipod, antros y más!, pero precisamente abusar de esto hace que nos alejemos de la realidad, donde el estudio y el trabajo quedan en segundo y tercer plano, o peor, ¡mejor ni pensar en ello!


La mayoría muestra una actitud en la cual, si la Selección Nacional gana el partido: “¡Ganamos!” (todos nosotros); en cambio, si pierde: “Perdieron” (ellos, yo no). Qué fácil, ¿no?, huimos de nuestras responsabilidades auto compadeciéndonos. Si bien que nos quejamos de que si la contaminación, que si subieron el precio del gas, que si aquí solamente asaltan, que si los secuestros, que si aquel me cae mal sólo porque es un “naco”, que si más y más quejas. Pero, ¿cuándo damos gracias de no estar en la situación de Líbano, de no tener que comer y que nuestros niños mueran de cáncer como en África o que como mujeres no respeten nuestros derechos humanos como en Nigeria? ¿Cuándo recordamos que tenemos increíbles paisajes llenos de flora y fauna que otros países quisieran tener, tradiciones que en familia y amigos nos gusta seguir manteniendo, el amigo tequila y nuestros cuates los tacos? También grandes artistas que representan nuestra cultura e ideologías a nivel mundial como Consuelo Velázquez, José Alfredo Jiménez, Frida Kahlo, Diego Rivera, Sor Juana Inés de la Cruz, Carlos Fuentes y muchos otros.


Tenemos tantas cosas por las que vale la pena seguir en este camino, pero nos detiene el miedo, el conformismo, la ignorancia y la flojera. Algo que el extranjero admira del mexicano es su entusiasmo, sus “puntadas”, sus “chascarrillos”, pero, ¿por qué ese optimismo lo reflejamos a los extranjeros y no a nosotros mismos?


Por favor, no seas de aquellos que esperan que la Selección gane el Mundial, o que Marco Antonio Regil toque a tu puerta y te diga que te has ganado un auto, o que el gobierno anuncie que ha limpiado el sistema y que ya no hay pobres, mas que los que quieren serlo. Mejor sé de aquellos que para cambiar su situación empiezan a cambiar su actitud, porque sólo así seremos merecedores del país que queremos. Piensa que, si por cada colilla de cigarro que se tira en una coladera esta se tapa, ¿por qué no por cada granito de arena que pongamos mejora nuestra situación?

 

Amemos a México con todas sus cosas buenas y malas, pero haciendo algo para que esas cosas malas sean cada vez menos. Todo depende de nosotros, los mexicanos.


Publicado en el año 2006